21 de mayo de 2012

15-M un año después

15 de mayo de 2011, el pueblo sale a las calles de España para demostrar su indignación contra los poderes económicos y políticos que controlan el país y el mundo y que están llevando al los ciudadanos a una situación socio-económica asfixiante y agónica.Un año después todavía se me eriza el vello de los brazos y un escalofrío  recorre mi espalda, cuando recuerdo la plaza Catalunya inundada por una marea de gente, donde todos juntos gritábamos y uníamos nuestras voces con el lema: “Que no, que no, que no nos representan“. Por fin la gente se ha despertado, pensé, ahora es nuestro momento de coger la sartén por el mango y cambiar las cosas.  Personas de todas las edades, nacionalidades e incluso de casi cualquier tribu urbana se abrazaban y celebraban lo que podía ser el inicio de una revolución Made in Spain.
Me acordé de la plaza Tharir de Egipto, de la  Revolución Francesa, la toma de Bastilla y la ejecución del Rey de Francia, creía que estábamos haciendo historia, que ese era el primer día del resto de nuestras vidas, estábamos indignados y lo estábamos demostrando. Pero me equivocaba, ni plaza Catalunya, ni Puerta del Sol era Tharir, ni se decapitó (metafóricamente hablando) a ninguna cabeza política, ni de poder, ni nada de nada.

Días más tarde  volví al plaza de Catalunya y me bajó de golpe la trempera emocional. La acampada del 15-M me recordaba más a la zona de acampada de un macro festival del tipo Monegros o al escenario resacoso del día después de  una fiesta en una casa okupa, que al epicentro de una revolución.


Volví a cantar, pero esta vez hacia mis adentros y voz baja, “ Que no, que no, que no nos representan”. Con lo que explico no quiero decir que toda la gente que estaba en la plaza encajará en esta descripción, ni mucho menos. El movimiento seguía siendo muy heterogéneo y algunos de los puestos de las comisiones, seguían haciendo una gran labor de información y organización, pero se veían tapados por algunos que querían dar la nota y la dieron.


A pesar de las buenas intenciones del movimiento, a día de hoy un año más tarde, sigo viendo los mismos fallos y las mismas carencias en el 15-M, que cuando escribí “Inignados si, pero con cabeza”. En esta entrada ya comenté que la falta de liderazgo y la poca intensidad y claridad con la que llega a la ciudadanía las reivindicaciones del 15-M, está llevando al movimiento a la sombra y esa fecha quedará el imaginario colectivo como una anécdota en el calendario y no como lo que debió ser, un punto de inflexión en la historia de nuestro país.

Para cambiar las reglas del juego hay que participar en él, ser parte del jurado y ser uno de los escribamos que pone negro sobre blanco las fichas que hay que mover. Mi opinión personal y seguramente no compartida por los puristas del movimiento,  sobre cual debería ser el camino a seguir por el 15-M, es crear un partido político, bajo las normas, bases y condiciones que se tomen en un conjunto de asambleas en todo el país y en todos los barrios de las ciudades españolas y afiliarse al partido todos los que sientan el movimiento como suyo.

Esconderse entre la multitud, al amparo del discurso de “el movimiento es del pueblo”, no da resultado, se necesitan portavoces, representantes, cabezas visibles y dejar de lado todo esa política de asambleas que sólo sirven como terapias de grupo para los que acuden a ellas, eso solo beneficia a los políticos y los medios de comunicación de corte fascistas que nos apodan a los indignados perros-flauta y cosas por el estilo.

Una vez se logre acceder a los cuadros de mando y la sala de máquinas de este navío llamado España, que va hacia la deriva, podremos cambiar el rumbo, pero mientras seamos polizones nuestro plan de actuación se ve mermado. Somos animales sociales y como tales debemos de ir todos juntos, eso si hemos de elegir si queremos organizarnos  e ir en manada  a por la presa o en rebaño cada uno a la suya y que sean otros los que nos envíen a sus perros para guiarnos hasta nuestros cercados. En nuestras manos está arrebatarle el bastón al pastor o seguir recibiendo garrotazos.  

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