25 de marzo de 2008

Delirios de la mente

Una de las cosas que más me fascinan junto al milagro de la vida y la majestuosidad del universo es el almacenamiento y gestión de la memoria. Estas tres cosas son para mi misteriosas a la par que inexplicables, y seguro que hay y debe haber una infinidad de explicaciones físicas, teóricas, metafísicas, neuronales etc.... y de todo tipo, pero jamás entrará en mi cabeza, el simple hecho de recordar quién eres o que has hecho hace cinco minutos. No deja de ser menos misterioso el saber donde se encuentra esa voz en off que oyes cuando piensas, reflexionas o lees para ti. La memoria también nos juega malas pasadas, recordando cosas que nunca sucedieron o olvidando cosas que no deberíamos olvidar jamás. Alguna vez me he despertado y me he puesto a recordar el sueño que tuve por la noche y al acabar de ponerlo en orden y aún sentado al borde de la cama pienso "¿realmente lo he soñando o me lo estoy inventando ahora?", esto no me ocurre siempre sólo cuando el sueño era confuso o simplemente cuando el sueño tampoco era nada relevante.

El tema del universo es otro tema del que me apasiona pensar y darle vueltas y más vueltas, parar intentar calcular su magnitud, si es o no es infinito y siempre llego a la misma conclusión, es inexplicable e incomprensible para mi. Me gusta compararlo con las diferentes etapas de un ser humano. A los pocos días de nacer un bebé su mundo es su habitación, su casa y en alguna ocasión la calle, sin ser consciente todavía de cuanto le rodea claro. A medida que va creciendo, crece también su mundo alimentado su curiosidad y conoce la existencia de la tienda de chuches de la calle de al lado, y de más calles que forman su barrio, que junto a otros barrios crean su ciudad. ¿Quién no recuerda como una gran excursión el ir a un parque del otro lado de la ciudad?
En esa medida y proporción irían creciendo tanto el hombre, su entorno y sus conocimientos, hasta llegar a la pregunta que yo me hago a veces y que creo que nadie me podrá solucionar nunca, ya sea por mi incultura o falta de conocimientos astrológicos y cósmicos, pero hasta donde llega mi humilde y discreta inteligencia no creo que nadie pueda asegurar que el universo sea infinito.
Infinito, imposible, al menos físicamente hablando. Simplemente no disponemos de la tecnología, ni los medios para poder medirlo o llegar más lejos, ni si quiera somos capaces de tener una idea de su inmensidad, entonces los científicos al no poder darnos una explicación o solución deciden otorgarle la categoría de infinito.
Recordemos que no hace tanto tiempo, aproximadamente unos 500 años se creía que el mundo acababa en el horizonte, la tierra era plana y no se cuantas barbaridades más, y a los astrónomos se les quemaba por brujos y blasfemos. Es más en algunas partes del mundo todavía hoy hay gente que no sabe que pertenecemos a una galaxia formada de planetas y astros, ....
y tampoco creo que les importe demasiado.
Al lío que me salgo del hilo, con todo esto quiero decir, que no sabemos donde acaba el universo pero........... ¿si acaba? ¿dónde acaba?, ¿que hay cuando acaba?, ¿empieza otra cosa? ¿y esa cosa donde acaba? estas preguntas me hacen sentirme minúsculo e insignificante, hacen delirar mi mente y plantearme si existimos o tan sólo somos una invención o vivimos en una célula o si somos la creación de algún científico loco. Eso nunca lo sabré.

2 comentarios:

Darío dijo...

Recomiendo libro: El universo en una cáscara de nuez, de Stephen Hawking. El libro trabaja sobre la idea de que el universo tiene una frontera (es decir, no es infinito). El libro está bien, es ameno y aunque en algunos pasajes requiere saber algo de física, no hace falta ser un experto para disfrutarlo.

Ahora bien, saber qué hay fuera del universo es otro capítulo. A mi se me antoja perfectamente razonable la siguiente escena: un tipo rojo, más bien alto, bastante macarra, con barbilla, cuernitos prominentes en la frente y cuartos traseros de cabra tomándose una birra con un abuelete de barba blanca, con gesto apacible aunque algo pretencioso y egocéntrico. En la mesa un cenicero lleno de colillas. En el fondo del lugar otros clientes comentan un partido. Los primeros, mientras hacen anillas de humo, ríen de las escenas que generan su realirama*.


*realirama: artefacto lúdico para entes suprahumanos diseñado para generar universos aleatorios.

fazer.blog dijo...

No está mal la escena, supongo que nunca sabremos que hay al final de todo. Además siempre hay una teoría que machaca la anterior, pero eso lo expondré en otra entrada, tengo el convencimiento de que los conocimientos aquiridos a lo largo de la vida te sirven para mejorar como persona y para tener una mente más abierta al entendimiento a nuevas teorias que se acaban perdiendo por el tiempo al encontrar otro datos o al resolver alguna duda que e creía ya lo suficientemente estudiada.

Saludos y gracias por la recomendación del libro.