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13 de marzo de 2015

EL ASESINATO COMO PATRIMONIO INMATERIAL

Ya tenemos otra muestra más de la visión retrograda del Partido Popular. Después de querer introducir la religión de nuevo en las aulas, el Ministro de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio Wert, quiere que se vuelvan a maltratar y asesinar toros en Catalunya, igual que sigue haciendo en el resto de España. Según podíamos leer esta semana en los principales periódicos españoles, el PP ha utilizado, una vez más, su mayoría absoluta para aprobar una la “Ley de salvaguarda del patrimonio cultural” con la que, a parte de muchas otras cosas menos polémicas, se quiere regular los toros y declarar  “la Tauromaquia como patrimonio cultural” y que el Gobierno impulse  “las reformas normativas necesarias para recoger, dentro de la legislación española, el mandato y objetivos de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO”. ¡Toma ya!
Esta ley entraría directamente en conflicto con la ILP aprobada en el Parlament de Catalunya, que prohibía las corridas de toros en territorio catalán. Es cierto que fue una ley que se quedó muy corta, puesto que no prohibió otras modos de maltrato y humillanción para los toros como “els correbous”, “els bous enbolats” y otras torturas del estilo. No obstante, fue un primer paso, que ahora el Partido Popular, amante de una “cultura” ancestral, quiere retroceder antes de las elecciones por si rasca algún voto de los protaurinos.
Me parece tan aberrante que se pueda pensar que el maltrato y asesinato animal sea considerado como patrimonio cultural de cualquier país, que no entiendo como desde la comunidad europea no se sanciona al Gobierno de España por la tramitación de esta ley y por el amparo de esta barbarie que son las corridas de toros, más propia de la edad media que del siglo XXI.  ¿Cómo es posible que un espectáculo en el que a veces mueren animales y siempre mueren toros, se pueda considerar patrimonio Inmaterial y se quiera preservar. Esto es lo Rajoy llama la Marca España.

11 de febrero de 2014

Circos SI, pero no con animales

Tengo algún que otro recuerdo de cuando era pequeño y llegaba el circo a la localidad donde vivo. Ciertamente era un gran acontecimiento poder ir a ver a los leones, tigres, osos, caballos y otros animales en sus jaulas. La ilusión de ver de cerca animales tan exóticos e impresionantes como un elefante, nos hacía alejarnos de la realidad que viven estos animales.

Muchos años después y viéndolo con cierta distancia, guardo un gran recuerdo de aquellos años y siento una mezcla de nostalgia y alivio de saber que nunca se volverán a repetir esas imágenes. Por lo menos es lo que espera gran parte de la ciudadanía catalana, que a través de cinco de los siete partidos del Parlament de Catalunya, es decir todos menos PP y Ciudadanos, (que si no tienen en cuenta los sentimientos y libertades de las personas, menos les importan la de los animales) quieren promover una ley que prohíba los espectáculos con animales.

Evidentemente al mundo del circo no le ha sentado muy bien esta noticia y mostraron su desagrado en una rueda de prensa en la que se encontraban diferentes representantes del mundo cirquense como el director del Circ Raluy, el director del Festival Internacional del Circ Ciutat de Figueres, el representante de la Asociación de Profesionales de Circo de Catalunya (APCC), entre otros. 


Genís Matabosch, director del Festival Internacional del Circ de Figueres declaró que la propuesta de  la ley se ha realizado de forma unilateral y sin consultar al sector, como si se tuviera en cuenta a algún sector cuando se hacer una ley. A caso se le ha preguntado a los trabajadores que opinan de la nueva Ley Laboral o a las mujeres la Ley del Aborto. Esto sería equivalente a echarle en cara a estos "amantes" de los animales, que no le consulten a sus fieras si quieren o no quieren salir en su espectáculo.

Genís Matabosch ha añadido esta gran declaración: "en una sociedad avanzada una prohibición no será nunca un paso adelante". Es cierto, ¡que tiren para atrás ese proyecto de ley!. Qué significa esto de prohibir cosas tan naturales como ver a leones  saltando por aros en llamas o de ver como un elefante hace equilibrios sobre una pelota. Que la gente que se lucra con la esclavitud de los animales hable de sociedad avanzada, es como oír al PP hablar de democracia o libertad, suena a pitorreo.

Lamentablemente tengo que darle la razón a Albert Fort, representante de la Asociación de Profesionales de Circo de Catalunya (APCC) que en esta rueda de prensa dijo que el mundo del circo, con esta ley vive una situación de agravio. No tiene sentido que a otros espectáculos como las carreras de caballos, cabalgatas de reyes, desfiles de la Guardia Urbana,
 los zoológicos y sobretodo las fiestas tradicionales como los correbous, que no fueron prohibidos, incomprensiblemente, por el Parlament de Catalunya cuando se vetaron las corridas de toros, puedan utilizar animales para la diversión del público.

Las últimas veces que he ido al Zoo de Barcelona, he salido con una tristeza difícil de describir. He sentido que los animales no eran felices. Sé que no soy etólogo, pero no es muy normal los comportamientos que tienen animales como las panteras, que deambulan una y otra vez por el mismo camino con la mirada perdida en el horizonte y sin prestarle la más mínima atención a lo que sucede a su alrededor.

En mi primer año de carrera tuve la suerte de poder entrevistar para un reportaje sobre los zoológicos, al director del Zoo de Barcelona, Miquel Trepat, el que me atendió muy cordialmente y me explicó su visión del los zoológicos en pleno siglo XXI. La visión de Trepat es que los zoológicos son necesarios para la conservación y el estudio de las especies. También comparó el zoo con un museo, alegando que el acercar al público en general a los animales se promovía el querer saber de ellos y podía despertar inquietudes en niños que el día de mañana se podrían dedicar a la veterinaria o a la zoología. 

No hace falta decir que Miquel Trepat tiene muy bien aprendida la lección y es capaz de defender su postura con argumentos muy sólidos. No obstante pienso que viendo los documentales de la 2, también se pueden despertar dichos sentimientos de amor a los animales, sin necesidad de sacar a los animales de hábitats. Afortunadamente los zoo de hoy en día no tienen nada que ver con los de hace 100 años y cada vez más se busca la eliminación de las jaulas y se apuesta más por la simulación de los hábitats naturales.  

Quiero creer que ni los defensores de los zoológicos, ni los del circo quieran un mal para sus animales y posiblemente hasta los quieran y sientan algo especial por ellos, pero hay amores que matan. Es posible que el dueño de la fábrica donde niños cosen balones y botas para grandes futbolistas, también piensen que están haciendo un gran labor social por esos pobres niños que si no estuvieran en sus fábricas estarían en la calle jugando o lo que es peor en el colegio aprendiendo a leer. Para acabar este artículo, me gustaría citar una frase de Ghandi que decía que "La grandeza de un pueblo se puede juzgar por el modo en el que trata a sus animales"

3 de septiembre de 2013

Hasta siempre amiga




"Nunca te fíes de quien maltrata a un animal, ni de quien los trata mejor que a las personas, por que no deben estar en su sano juicio." Hago mías estas palabras y las suscribo totalmente letra por letra, aunque la segunda parte de esta frase sea difícil de definir dónde está el límite. La línea que separa el amor a los animales de la locura o la obsesión por ellos es muy fina. 
El cariño, el amor y la complicidad entre una persona y su “mascota”, sobretodo cuando hablamos de perros, es algo que cuesta de explicar a aquellos que no tienen esa afinidad con estos pequeños compañeros, ya sea porque nunca hayan tenido un perro o porque para ellos es como ir al Corte inglés a comprarse una camisa y si te gusta como te queda te la llevas y cuando te cansas de ella la dejas en el fondo del armario o se la das al primero que pasa por la calle. 
Algunas veces he oído decir que a los perros solo les falta hablar y sinceramente no creo que les haga falta. La capacidad de comunicación que tienen estos animales con nosotros es enorme, la manera de mirar, la posición de las orejas y la cola, la forma en la que se te acercan y buscan tus mimos cuando no te encuentras bien y la química que se forma entre humano y perro, hacen que la etiqueta de "mejor amigo" del hombre adquiera todo su sentido. 
La relación entre mi perra Rubia y yo fue algo más que tener una mascota, para mí, mi perra era como una compañera. Vivió en casa de mis padres conmigo y siempre dormía en mis pies, desde que la saqué de una perrera en la que llevaba un par de días después de haber sido atada y abandona en un árbol a su suerte. 
Cuando me fui a vivir con mi mujer nos la llevamos a casa y siempre fue como una más de la familia. Fue la defensora de nuestra hija al nacer y siempre estaba atenta cuando alguien se le acercaba o la cogía en brazos. Díez años después de compartir muchos momentos buenos y otros no tan buenos, mi perra Rubia nos a dejado dejando un hueco imposible de rellenar por cualquier otro animal o persona. 
El viernes por la noche empezó a vomitar todo lo que ingería y dejó de comer, solo quería beber agua y estar tumbada, su ojos describían perfectamente como se sentía. Evidentemente estoy muy triste, ya que no se va solo una perra, si no una compañera, una amiga a la que le he contado cosas que no le habría contado a ningún ser humano, ya que sabía me iba a guardar el secreto de por vida. 
No obstante, su paso por mi vida no ha sido en vano, ya que me enseñó muchas cosas y me deja miles de recuerdos y momentos inolvidables. Como el día que nos perdimos en una excursión por la montaña y ella nos guió durante gran parte del recorrido de vuelta. También recuerdo el día que de camino a casa cuando íbamos en el coche, se comió medio melón recién recogido del huerto. Otro día para el recuerdo fue el día que llevé a mi gato Copérnico a casa, por primera vez, con semanas de vida y ella le dio de mamar como si de su hijo se tratara.
Los largos paseos, las carreras por los prados y muchos más recuerdos que me irán viniendo a la memoria a medida que pasen los días quedarán para siempre. Otra de las cosas más importantes que me enseñó mi perra fue el respeto y la comprensión por los animales y saber que los animales no son meras mascotas a las que puedes tratar como a un peluche. Los animales son seres vivos que piensan, sienten y sufren junto a ti en los peores momentos de tu vida y que comparten contigo los mejores, tan solo por unas caricias, un plato de pienso y por sacarlos a corretear y jugar con un palo. 

Dicen que el primer amor verdadero es el que deja más huella y el cariño que me expresaba mi pequeña amiga peluda cuando me veía y me regalaba sus saltos y cabriolas me hacían sentirme alguien muy especial en su vida. Y ese es el motivo por el que me duele tanto que se haya muerto mi perra Rubi y por eso la echaré de menos toda la vida. Como dice mi hija: “La muerte es algo que se debería de poder curar”. O por lo menos darte una segunda oportunidad cuando viene tan de repente. Jamás olvidaré los momentos vividos juntos, hasta siempre amiga.